Emilio Carrillo. Eileen Elias Freeman escribió que “Los ángeles brillan por fuera porque sus espíritus están iluminados desde dentro por la luz de Dios”…

Emilio Carrillo. Eileen Elias Freeman escribió que “Los ángeles brillan por fuera porque sus espíritus están iluminados desde dentro por la luz de Dios”…

Emilio Carrillo

Emilio Carrillo. Autor de diversas publicaciones.

  • Revista nº 3: Febrero 2018

Eileen Elias Freeman escribió que “Los ángeles brillan por fuera porque sus espíritus están iluminados desde dentro por la luz de Dios”. Según esto, para mí, Emilio Carrillo es un ángel de los que viven en la tierra, entre nosotros. Fue un reconocido político que parecía estar sentenciado a ocupar grandes cargos en los círculos de poder, pero a su alma este destino debió de parecerle un plato vacío y decidió mostrarle, a las puertas de lo que equivocadamente llamamos muerte, que hay otra forma de entender la existencia y que debía contarlo a quienes le quisieran escuchar. Le dotaron de alas poderosas con las que volver a este plano, enseñar a otros a desplegar las suyas para elevar el vuelo y ver la vida con una perspectiva desde la que todo encaja y cobra un nuevo sentido. Emilio Brilla y vibra en cada una de sus palabras, iluminando el camino de quienes quieren crecer en consciencia y Amor.

Se cree que tu vida cambia a raíz de una experiencia cercana a la muerte (ECM), pero no es del todo correcto… de hecho, parece que ya esperabas este tipo de experiencia o algo similar.

Sí, es así. El cambio de mi vida, los cambios en general, no es algo que ocurra de la noche a la mañana. Se puede describir como la célebre gota que desborda el vaso y, para esto, el vaso se ha tenido que llenar.

En mi caso, el vaso se desborda en febrero del año 2.000, cuando cae en mis manos, de una forma bastante sorprendente, El Kybalión, un libro escrito, se cree, por tres iniciados, que recoge los principios del Hermetismo y que parece que desde el S. XIX es conocido, aunque muchos autores consideran que su origen está en el antiguo Egipto.

Ese libro a mí me cambia la vida, aunque posiblemente porque yo ya estaba haciendo prácticas que cultivaban ese terreno. Desde el año 93 corría maratones y esta práctica requiere una preparación física y una dedicación que me exigía muchas horas de encuentro conmigo mismo. Me ayudó mucho a conocer mi mente y disciplinarla. Por cosas como esta yo creo que estaba cultivando el terreno, estaba llenando el vaso de forma que, si lo leo en otro momento podría no haberme dicho nada, pero en ese preciso instante me dijo un montón de cosas y ahí es donde mi vida se reorienta poco a poco. La meditación sobre esos principios herméticos y el interés que me produjo ahondar al respecto se tradujo en un primer libro, Los Códigos Ocultos, en marzo del 2005. A partir de ahí empiezo a tener encuentros en medios de comunicación y a dar las primeras charlas sobre temas espirituales.

Esto me lleva a encontrarme con personas en mi vida que me parecen de mucho interés, logro agruparlas y un total de 20 miembros creamos el Círculo Sierpes de Sevilla. Esto me impulsó a dar los primeros talleres y a desarrollar más actividades en el ámbito espiritual, hasta el punto de dimitir de todos mis cargos políticos y centrarme cada vez más en este camino. Es más, al terminar el curso 2009/10, dejé también la Universidad, con lo que en 2010 había descargado mi vida de muchas cosas y ahí yo sentí que todos esos pasos que yo había ido dando poco a poco, desde el año 2000, eran porque me iba a ocurrir algo muy determinante. En noviembre tengo una caída que se complica y me lleva al otro barrio, y vivo una ECM. Este accidente provoca, además, que durante 10 meses, que se dice pronto, esté fuera de juego. Esos 10 meses es tiempo de mucho silencio, de mucha introspección y no digo que fuesen tan influyentes como la ECM, pero también fueron muy determinantes.

De esta experiencia y con el tiempo de asimilarla y encontrarle su sentido, extraes, entre otras, dos certezas…que vuelves para vivir experiencias y compartirlas de forma que ayuden a otros y que la vida no es sufrimiento, sino que depende de nosotros mismos y de cómo queramos que sea nuestra realidad.

Cuando estamos encarnados en este plano, estamos generando nuestra realidad. Esto es algo que a la mente la disloca, pero la ciencia lo explica muy bien con la famosa frase “lo observado depende del observador”. La vida de cada uno es una especie de holograma que estamos generando nosotros mismos. Los acontecimientos que ocurren, las circunstancias, las personas, los encuentros, las rupturas, todo eso es un mundo holográfico que estamos generando desde nuestro más genuino ser. Cuando tomas conciencia de esto, la existencia aparece ante nosotros como un enorme milagro porque la cantidad de circunstancias que se tienen que dar para que cada acontecimiento que hay en nuestra vida suceda, es espectacular. Entonces empezamos a percibir que no hay casualidades, sino que son intersecciones conscienciales y que, si estos encuentros se dan, es porque les conviene a todos y cada uno de los que se encuentran, porque les aporta algo, en términos de evolución de consciencia. Hay veces que esa intersección consciencial para la mente es agradable, pero hay otras que no lo es. Todos tenemos personas que nos hacen la puñeta, que no hay forma de que se vayan, que siguen ahí y parece que no nos libramos de ellas. A la mente, que le digas que tú voluntariamente estás creando (ambas personas la están creando) esta situación para tu crecimiento, le rechina por completo, pero es así. Me gusta decir que las Intersecciones Conscienciales son de dos tipos, las de ayuda directa y las de ayuda indirecta. Las primeras son las del abrazo, el apoyo, el ánimo, esa persona que está a tu lado, que te quiere, te ayuda y te acompaña; pero también están las indirectas y es aquel que te ayuda haciéndote la puñeta, cerrándote puertas y con aquello que la mente califica como algo negativo pero que, sin embargo, te está sirviendo en tu proceso consciencial.

Es así como cada uno va generando su holograma con una determinada frecuencia vibracional, marcada por su estado de consciencia. Si estás muy centrado en lo material y egocéntrico, estás generando un holograma vital que tiene una frecuencia vibracional densa, ni buena ni mala, la que corresponde en función de tu proceso. En cambio, cuando tu estado es altruista y generoso, de cada vez más aceptación y confianza en la vida, la vibración es cada vez más elevada y al mismo tiempo tu estado de consciencia, la frecuencia vibracional de tu holograma vital, también lo es. Como somos 7.500 millones, aproximadamente, de seres humanos, la humanidad, a su vez, también es un holograma, suma de todos los individuales, con lo que además de conformar en cada minuto de nuestra vida nuestro holograma vital, estamos aportando nuestro grano de arena al holograma del conjunto de la humanidad.

Cuando empezamos a percibir así la vida nos damos cuenta de que, efectivamente, estamos creando nuestra realidad.

Según esta visión ¿nuestra vida depende de tantos factores como intersecciones vamos encontrando en nuestro camino?

Son muchos los textos que nos dicen que el primer paso serio para nuestro sendero espiritual es la percepción global de la vida, es decir, no mirar la vida por la mirilla de una puerta, sino que hay que mirarla holísticamente, con perspectiva. Nos hemos acostumbrado a ver el universo por la punta del dedo chico del pie porque metido en el zapato es lo que nos duele, y entonces toda nuestra vida se condensa en la punta del dedo chico del pie que tenemos en el zapato, pero la vida no es eso, así que lo primero es tomar perspectiva. Es preciosa la frase que se utiliza en La Voz del Silencio de Blavatsky que dice “monta en el ave de la vida” y al hacerlo, se va cogiendo altura y vas viendo que las cosas encajan, ya no te pierdes en la maraña. Esa percepción global te lleva al siguiente gran paso, darte cuenta de la unicidad de la existencia.

La vida es una y esa vida está fluyendo a través de la de cada uno, de todo lo que existe, pero la vida es la misma, es una, por más que al percibirla a través de nuestro propio individuo tendamos a asociarla únicamente a nuestra entidad individual, y esto ocurre porque o no nos hemos montado en el ave o aún no hemos cogido suficiente altura.

Y esto nos lleva al holograma. Imaginemos que tenemos una foto impresa, con bastantes personas reunidas. Si yo cojo esa foto y la rompo en 100 pedazos, cuando cojo uno me puede tocar media cara, un brazo, el pie de alguien… ¿Puedo montar o recrear la foto entera a partir de ese trocito? Imposible. Tengo una mínima parte de la información que recogía la imagen entera. Sin embargo, esto no ocurre con los hologramas, que tienen la particularidad de permitirnos reconstruir el conjunto a partir de una pequeña pieza, para mí es una maravillosa metáfora de la unidad de la vida. Nosotros no somos trozos, no somos granitos de arena, aunque a veces se puede tener esa sensación cuando hablamos de la grandeza de la vida. No somos una gota de agua en un inmenso océano, somos la totalidad de él porque tenemos la información completa. Cuando esto se empieza a percibir, la vida cambia completamente y sabes que no es fantasía, que tiene todo el sentido y que, además, este convencimiento depara en una vida muy dichosa.

Para mí, la prueba definitiva es que toda la gente que ha representado algo importante para la humanidad, todos los gigantes del pensamiento, todos los referentes espirituales nos lo han dicho: “esto no termina aquí, la vida va mucho más allá de esta vida, mucho más allá de nuestra apariencia física. Así que digo yo que, si damos por válido todo lo que han dicho tantísimos sabios y sabias, en tantísimos campos y tan diferentes, todos sin excepción, ¿por qué, precisamente, en este aspecto en el que todos coinciden, nosotros lo vamos a poner en duda?”

Llevar esto a la práctica diaria puede ser complicado porque muchas personas tienen serios problemas y quizás es difícil levantar el vuelo y mirar el mundo con otra perspectiva y confianza.

Es verdad que cuando hay que cerrar una puerta, sobre todo cuando hablamos de temas laborales, la mente nos bombardea con cuestiones como “qué va a ser de mí, de dónde voy a tener los ingresos que me permitan vivir…” pero hay veces que en lo más profundo de nuestro interior sabemos que lo único que genera esta situación es sufrimiento y malestar. Cuando nos empeñamos en mantener lo que los psicólogos llaman zona de confort, que muchas veces es de dolor y no de confort porque simplemente te has habituado y damos por hecho que no podemos salir de ahí, tenemos dos opciones: o seguimos así, con lo que solo encontraremos dolor y sufrimiento, o zanjamos con la decisión difícil para la mente de decir “ya está, se acabó”.

Lo que sí puedo asegurar es que cuando aguantamos lo que sentimos que no tendríamos que aguantar, pero lo hacemos por miedo, la vida sigue apretando los tornillos, no se conforma, es muy puñetera; me decía una persona, que para mí es un referente espiritual, ya fallecida “Mira Emilio, esto es muy simple, sabes que hay que saltar por la ventana. Te asomas y ves que estás en un décimo piso, pero hay que saltar por la ventana y mientras creas que aún puedes bajar por el ascensor para bajar vas a seguir utilizando el ascensor, pero te equivocas, hay que saltar por la ventana y habrá un momento, no sé si en esta vida o en otra, donde saltarás por la ventana, ¿por qué? Porque la casa empezará a arder y no tendrás otro remedio que saltar por la ventana. La vida es así, o saltas por la ventana voluntariamente o saltas por la ventana despavorido porque no vas a tener otro remedio”.

El alma es muy exigente, el alma cada vez que encarna lo hace buscando un objetivo, no lo hace por entretenimiento. El alma se encarna para vivir experiencias que le reporten consciencia, que es lo que persigue el espíritu al envolverse en la materia. Es muy fácil de entender. Cuando desencarnemos, el alma se encuentra en una gran mesa con muchos platos, hablando metafóricamente, y el alma tiene hambre. Esos platos son muy variados y son todas las experiencias que hemos vivido en el plano físico.

“Cuando aguantamos lo que sentimos que no tendríamos que aguantar, pero lo hacemos por miedo, la vida sigue apretando los tornillos, no se conforma ….”

Hay platos que, por su frecuencia vibracional, puede nutrirse de ellos, los puede absorber, pero hay otros platos cuya frecuencia vibracional al alma no le valen, como si a nosotros nos ponen una piedra para comer, no podemos, no porque la piedra sea ni buena ni mala sino porque nuestro organismo no puede digerirla, y al alma le pasa algo parecido. Hay platos de los que puede nutrirse y platos que no, en función de la frecuencia vibracional. Los platos que tengan que ver con egocentrismo, egoísmo, conflicto celos, envidia, etc. no computan para el alma porque esas frecuencias densas no las puede hacer suyas. En cambio las frecuencias de amor, en el sentido amplio del término, de bondad, de generosidad, de altruismo, de solidaridad, de compasión, de compartir, eso el alma sí lo hace suyo, y con esos nutrientes crece en consciencia y le permite que la próxima vez que encarne, ya el nivel de recuerdo de partida es mayor, no hace falta recordar cosas que ya recordaste en la otra vida, y así vida tras vida, poco a poco, se van viviendo experiencias cada vez más lúcidas, cada vez de una mayor coherencia de lo que realmente somos, pero para eso es imprescindible que las experiencias le aporten al alma, al desencarnar, esos nutrientes.

Parece entonces que la vida es una escuela, donde si no aprendes lo suficiente tienes que repetir el curso.

Yo, como economista, pongo este ejemplo: El alma, en cada encarnación, hace una inversión y espera una rentabilidad, que son experiencias que aporten nutrientes en el camino de autoconsciencia. Cuando desencarnamos si lo que se encuentra el alma es una mesa donde no le vale nada, entonces el alma toma una decisión importante, endurecer las condiciones voluntariamente, para ver si en la siguiente vida nos damos cuenta de por dónde va el sentido verdadero de la existencia. Muchas experiencias de esas noches oscuras que vivimos tantas personas, cuando lo reflexionamos a la luz de esto, lo entendemos porque sabemos que, a raíz de una experiencia dura, empezamos a preguntarnos cosas que antes ni nos planteábamos, a leer libros que antes no leíamos, a ver vídeos que antes no nos importaban… yo empecé a acercarme a gente en la que antes no me fijaba y fue debido a ese golpe que me dio la vida. Pues ese golpe no es casual, ese golpe es la colleja que te da el alma para que busques donde debes buscar.

“El Alma en cada encarnación hace una inversión y espera una rentabilidad, que son experiencias que aporten nutrientes en el camino de autoconsciencia”.

Entonces, las lecciones que suspendamos nos las llevaremos a una próxima vida y en una situación aún más límite que nos empuje a trabajarlas, a llevarlas a cabo.

Efectivamente. Además, todas las experiencias que nos llevamos, sean buenas o malas, tienen efectos. Siempre que hacemos algo tiene una consecuencia… si tienes un jarrón en la mano y lo sueltas, se cae. La causa es que lo has soltado y la consecuencia es que se romperá. Nos dicen desde muy antiguo que esos efectos pueden ser de corto, medio o largo plazo. La mayoría de las cosas que vivimos en la vida, sus efectos son de corto y medio plazo, y raramente trascienden al más allá, pero hay efectos que tienen tal intensidad que trascienden. Grandes actos de amor como dar tu vida por otra persona, por supuesto, trasciende y vas a tener frutos en la siguiente o en muchas otras vidas, de esa inmensa generosidad. Si, en cambio, por las razones que sean le quitas la vida a otro, tiene también su fruto y transciende, y este es el célebre karma del que tanto se habla y que no sé por qué lo vestimos tanto de negatividad cuando es lo natural. Cuando volvemos a nacer, las experiencias de baja densidad que al alma no le han servido para el desarrollo de su autoconsciencia, las traemos con nosotros como karma, para intentar resolverlas. Por eso precisamente, en las corrientes espirituales orientales, al alma se le llama el cuerpo causal, porque asociado al alma están las relaciones de causa y efecto.
Esto nos lleva a concluir que las complicaciones de la vida en realidad son oportunidades.

Hay una frase que me gusta y yo repito mucho, del libro El Laberinto de la Felicidad, de Alex Rovira, y es que en la vida no hay obstáculos porque están los que tú te creas y que por lo tanto no existen, y los que realmente existen y entonces no son obstáculos, son trampolines.

Quieres decir que, ¿según el prisma con el que cada uno miremos los retos de la vida se pueden convertir en obstáculo o en trampolín?

Efectivamente. Debemos recordar que la confianza en la vida no es un acto de fe, entendiendo la fe por creer en lo que no se ve. No, la confianza en la vida, tal y como yo lo percibo, es consecuencia del sentido común. Yo analizo mi vida y la puedo poner en una pizarra, cronológicamente, con los momentos que han sido importantes. A continuación, les puedo poner el signo positivo o negativo, y si me centro en los negativos,
“La confianza en la vida, tal y como yo lo percibo, es consecuencia del sentido común….” puedo comprobar que siempre fueron puertas que se cerraron pero que sirvieron para que se abriesen otras… que esa persona que se fue me sirvió para que conociese a otra persona por la que a su vez conocí a otra persona… y se convierte en un diagrama de flujo donde todo encaja. Es cuestión de analizar tu propia vida y aplicar el sentido común. También está lo que yo llamo “La Práctica de la Ventana”. Simplemente contempla el firmamento a la luz de lo que sabemos de él por la ciencia y si esa enorme inmensidad, desde hace casi 14.000 millones de años, está en ciclos perfectos, en rotaciones exactas con multitud de astros, estrellas, galaxias, a velocidades inmensas y todo está en su sitio y todo encaja, pregúntate por qué tu vida no. ¿Alguien sería tan egocéntrico como para pensar que su vida es una singularidad espacio-tiempo? Así pues, la confianza para mí deriva del sentido común. A partir de ahí , cuando vas adquiriendo confianza en la vida te vas dando cuenta que todo lo que ocurre tiene un por qué y que cada uno genera su propia vida y entre todos la de todos, pero debemos intentar quitarle ese signo de negativo o positivo. Joan Manuel Serrat en la canción Vivir para Vivir dice en un momento determinado “Abrázate al presente (es decir, a la vida), abrázate al presente, qué más da que pegue o bese” esa es la clave, el darte igual porque si pega es porque tiene que pegar y si besa es porque tiene que besar, y lo importante es que te da lo que tú necesitas para tu crecimiento como persona y para tu evolución espiritual.
Hay otro ejemplo… ¡en cuántos cuentos infantiles aparece el sapo! En nuestra vida aparecen sapos y nuestra mente nos dice que nos alejemos, aparece el rechazo… ¿qué pasaría si lo abrazáramos y aceptáramos la experiencia? Que se convertiría en un príncipe o princesa. Nos daríamos cuenta que ese sapo ha aparecido en nuestra vida como una bendición y es la verdad de la vida. Por ejemplo, rechazamos la enfermedad, nadie quiere estar enfermo y pocas personas se dan cuenta que la estás generando tú. La enfermedad la vemos como un sapo, pero si la contempláramos como un regalo, podría significar, per-se, la curación, puesto que la enfermedad ya ha cumplido su misión, y si no conlleva la curación es lo de menos porque a veces, es verdad, hay enfermedades que vienen porque nos tenemos que ir, porque ha llegado el momento de volver a casa. A las personas que sigan esta revista y lean esta entrevista les invito a que lo intenten, es decir, que se propongan, aunque sea sólo durante una semana, confiar plenamente en la vida. Y ante las cosas que les vayan ocurriendo durante esa semana que digan “oye, ¿y si este sapo en lugar de rechazarlo, lo beso?” y les aseguro que va a ser espectacular lo que ocurrirá.

Salir de la zona de confort puede ser complicado porque supone también arrastrar a otros contigo o desvincularte de tu grupo.

A veces, las personas que parecen estar más lejanas de este crecimiento de consciencia están más cercanas de lo que parece, y como nada es casual, este mensaje o la revista llegará a quienes tenga que llegar y no a otros; y el mensaje lo recibirá y le calará a quien deba ser…hay experiencias en la vida a las que se le dan muchas explicaciones desde el punto de vista médico o psicológico, como una depresión, por ejemplo, o una adicción. Estas experiencias nos pueden parecer muy alejadas de lo que estamos aquí hablando, pero no es así. Muchas de las depresiones o las adicciones, que no digo todas, llegan porque la persona está sintiendo un enorme vacío y este se debe, ni más ni menos, a que su alma está sintiendo que la vida se le está yendo sin el más mínimo fruto. Este vacío muchas veces provoca la depresión o buscar algo con qué llenarlo para que compense vivir. Son personas que están tocando fondo a nivel consciencial. Están en situaciones muy complicadas y a veces esta forma de ver la vida es el puente que se necesita para pasar a la otra orilla.

RECOMENDACIONES

UN LIBRO

A lo largo del tiempo van influyendo libros distintos, pero si he de elegir, por diferentes etapas de mi vida, han sido referentes El Kybalión de los tres iniciados y La Doctrina Secreta de Blavatski. No obstante, hay un libro que me ha acompañado siempre, aunque posiblemente no tiene unos contenidos tan esplendorosos como los otros dos… Así habló Zaratustra de Nietzsche. Ya solo el prólogo es una verdadera belleza y en él se puede decir que ya está todo dicho.

UNA PELÍCULA

Una película completa porque tiene argumento en apariencia y en esencia, imágenes de una belleza inigualable y una música esplendorosa es La Misión. Es una película que, para mí, dice todo del alma humana encarnada en la tierra, por los distintos comportamientos de los personajes. Muestra un compendio de los perfiles psicológicos del ser humano, desde los más egóicos a los más generosos. Tiene escenas como la subida a las cataratas de Iguazú por parte de Robert de Niro, con el lastre, que es lo que le pasa a tanta gente en su vida, es el camello del que habla Nietzsche en Así habló Zaratustra.

ALGÚN SITIO ESPECIAL

Una playa de piedra en la Isla de El Hierro, El Verodal. Es el punto más meridional de la isla y desde allí hasta américa no hay nada. Hay una energía muy especial allí, al menos para mí.