RESPIRANDO. OLGA MARTÍNEZ. Respira, toma aire…….

RESPIRANDO. OLGA MARTÍNEZ. Respira, toma aire…….

Olga Martínez

Revista nº 4: Marzo de 2018

Respira, toma aire. Mantenlo en tu interior. Déjalo salir sin empujar. Vacíate. Quédate en el vacío… Es lo que hacemos continuamente, desde que nacemos hasta que partimos. Tomar la vida. Quedarnos en ella. Irnos. Quedarnos allí.

Ahora mismo ya eres un ser perfecto, pese a todo lo que tu exigente mente cree que son imperfecciones; pese a todo lo que te reprochas, lo que crees que deberías cambiar para ser un ente celestial con una túnica blanca a prueba de arielitas, de esos que toman té verde por la mañana para purificarse y que se mueven como a cámara lenta. ¿Quién no quiere ser un ser iluminado? ¿Quién no desea la ansiada “paz”? ¿Quién no aspira a estar tranquilo consigo mismo?

1.- Respira. Déjate ser. Deja de exigirte. Olvida eso que te han contado, lo que te han dicho que es la perfección. Simplemente respira, con todas esas impurezas, con todas tus miserias, angustias y miedos ¡Respira! ¡Déjate en paz de una vez! Permítete escapar de todo eso. Ya eres pura maravilla, porque no hay otra cosa aparte de “esto”, que ya es perfecto. Sencillamente reconoce lo que es tu lado oscuro, la mala persona que puedes llegar a ser. Será genial. Negocia en lugar de tratarte como si fueses tu peor enemigo: te gustas, te tiras los tejos y eres tan guay que te enamoras de ti a cada momento. Y si te sorprendes en un mal gesto, incluso despreciándote, sonríete, susurra con tremenda dulzura: “¡Ay, qué insistencia! Anda dáteme un besito, quiéreteme un poco, sólo un momento, ya, ahora. Quiéreteme tal cual soy. Dáteme el amorcito que les das a los demás. No vuelvas a maltratarte. Ahora mismo te me quiero mucho. Punto. Hoy no voy a exigirme más, ni voy a conducirme a la desesperanza. Sólo me quedo aquí dentro de mí y me voy a amar lo poco o lo mucho que me apetezca.”.

2.- Mantén el aire dentro. Por un momento, contén la vida. Di sí al placer de mirarla desde la ternura de los minúsculos seres que somos. Quédate ahí, en ese cuerpecito que te lleva y te trae por nuestra realidad sensorial, ese cuerpecito de placer, dolor, salud, enfermedad, olores, colores, sonidos, sabores y piel. Mucha piel. Mira a tus hijos, a tus padres, a tus amigos… a todos los seres que cada mañana te encuentras en el metro o en el atasco, en el súper o en la cola del paro. Míralos a todos con la dulzura de una madre que mira a su bebé recién nacido, lleno de vida y pureza, a punto de aprender tanto como después tendrá que desaprender. Mira a cada ser como lo que es: un reflejo de ti mismo, con miedo, dolor, alegría, tristeza, listas de la compra, desesperanza, amor, nóminas y préstamos bancarios, paz. Un mejunje de realidades e ilusiones. Un ser lleno de vida y amor, aunque a veces nos olvidemos. Quédate en la vida, aquí y ahora infinitamente.

3.- Expulsa el aire. Suavemente, no lo empujes. Ya está saliendo por tu nariz. Siéntelo en las dos fosas acariciadas por el CO2 que ya no te sirve ni es parte de ti. Míralo marchar, observa que no es necesario que hagas nada. Todo fluye. Tu cuerpo ya sabe que la vida existe a través de él. Tú sólo déjate ser aire, vida… ¡déjate en paz! Esto tendrás que decírtelo a ti y a tu ego, esa coraza que se ha hecho autoproclamado reina del imperio que tú eres mediante un golpe de Estado. Devuélvelo a su sitio con dulzura. No utilices sus armas, porque esa batalla la tendrías perdida desde el principio. Susúrrale como a los caballos, quiere a tu ego. Recuérdale sus funciones de secretario de dirección, sus labores ejecutivas, que te organice la agenda y que no permita que te escapes de aquello que tu corazón te dicte… Ese sí que es el verdadero emperador.
Deja que se vayan esos patrones de repetición que no te llevan a ningún sitio que no sea un bucle de sufrimiento. Deja también que se vaya la desesperación, acepta lo que ya eres, con serenidad. Lo que te hace sufrir se está yendo. Pero eso ya lo sabes.

4.- Ahora aguanta en el vacío, en tu muerte, en “no ser”, en “no tener que”. Concédete un momento de paz. Sé.

5.- Vuelve a inspirar. Haz que la vida se viva en ti. A través de lo que haces constantemente y sin darte ni cuenta, recuerda qué eres y que vas a morir.
La muerte, ese arcano “feote y mal vestío”, que la lía cortando cabezas, pies, manos… todo lo que encuentra a su paso. Esa es la muerte que llega sí o sí. Porque, ¿sabes qué? Todos morimos más tarde o más temprano Y habremos dilapidado la vida postergando aquello que queríamos hacer, o viviendo envueltos en miedos y limitaciones, sin apenas acercarnos al placer de ser uno mismo.

Cuando llega la de la guadaña, te sobresaltas y gritas: “¡No! ¡Pero si aún tengo tanto pendiente!”. Ya lo sabemos y, aun así, vivimos como si nuestro tiempo fuese infinito. Y no lo es.
El tiempo es un gran constructo de la mente, y esa mente es un nivel existencial que nos limita porque en él somos tan ingenuos y vulnerables que lo creemos todo: creemos que somos poca cosa, que no valemos, que “quién nos va a querer”. Pues tú. Ahora mismo.

Elige creer en ti, en todo lo que puedes hacer y ser. Escoge tu poder personal, ese que a veces parece que has olvidado en un tupper en la nevera de tu casa. Da media vuelta, coge el tupper y sácalo de ahí (no lo metas en el micro que es malo, ya lo sabes). Ponte tu poder, llévatelo a todas partes y así “podrás”, aunque tu mente te repita que no puedes más. Venga. Dale. Prueba. Verás que puedes mucho y bien.

En cada respiración vives una muerte y una vida. Decide dónde pones la atención, porque no hay nada mejor que morirse porque se ha vivido, y no morirse en vida.
¡Muérete ya! ¡Déjate en paz! Date un espacio para ser todo lo que te dé la gana, ser “a esgarrapellejo” (esgarrapellejo: en grandes cantidades, sin control, sólo dejándote ser).

Y sólo cuando te dejes morir y te quedes en la paz de la nada, experimentarás que no hay nada de lo que preocuparse, que la vida, de nuevo… te entra por la nariz.

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Gracias por llegar hasta aquí, si lo has leído algo se habrá movido dentro de ti, a favor o en contra. Pero el movimiento como la acción: es vida, y la vida es purita conciencia.
Entre todos, la conciencia se vive y se eleva, o se baja. Decide y respira.

Propongo el encuentro entre iguales.
mtez.olga@gmail.com
Consultas y terapias.

Olga Mtez.